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4-WEBHEl escritor francés Anato Frances dijo una vez: “El hombre tonto piensa que es sabio, pero el hombre sabio piensa que es tonto”. La pregunta es: ¿Podremos darnos cuenta de esto o necesitaremos ayuda? Es aquí donde entra el rol de nuestra media naranja para ayudarnos a no pensar como sabios, sino serlo. 

 

Hay, mínimo, tres creencias que a los hombres nos hacen ser tontos:

 

 

“El dinero es una cuestión de varones”

 

Creencia

Muchos entre nosotros consideran que las cuestiones del dinero deben ser manejadas con pura testosterona. Es como si toda decisión y acción tiene que ser tipo “rápido y furioso”. Entre más rápido se tome la decisión, mejor el resultado. ¿Invertir? Ya. ¿El auto? Ya. ¿La casa? Ya. Muchos creen que tener testosterona es tener las neuronas intelectuales para tomar decisiones efectivas sin que las emociones afecten o nublen la razón. 

 

¿Las mujeres? Tienden a estar menos preparadas, son dependientes o poco participativas con el tema del dinero. Por eso las decisiones las toma el hombre. Además, a ellos les interesa más el tema del retiro, las inversiones o los seguros, mientras que a la mujer le interesa más el tema de pagar las facturas, llevar el presupuesto y el control de los gastos diarios. Además, todo aquello que es emocional es descartado y considerado de poca importancia. 

 

 

Realidad

Lamento decirle a mis hermanos de armas que están más lejos de la verdad. Ni el dinero ni la administración es monopolio de un sexo sobre otro. El ego es de tontos. Las decisiones financieras, sea inversiones, retiro, hipotecas, seguro, negocios y tantas otras decisiones no son prerrogativas de hombres sobre mujeres. Lo peor que podemos hacer es permitir que la testosterona nos ciegue el sentido común. Es un mito pensar que el hombre es sólo el que trae la comida y la mujer cuida la cueva. 

 

Solución

Las mujeres deben explicarles a los hombres que dos cabezas piensan más que una. Que a ustedes sí les interesa el tema de las inversiones, retiro, seguros, negocios, administración, educación y tantas otras áreas de las finanzas personales. Explíquenles que las cosas complicadas no necesariamente son las más importantes y que no hay que dejar la parte emocional de la ecuación cuando tomamos decisiones financieras. No sólo tenemos que ver a corto plazo, también a largo plazo. 

 

 

“Comprar todo grande”

 

Creencia

Entre más grande la casa, la inversión, el negocio, el auto, las expectativas, el reloj y la lista sigue, mejor. No sólo alimenta la “autoestima” también vence al vecino, al compañero de trabajo o al padre del mejor amigo del hijo.

 

Realidad

El hombre tiene un serio problema de reconciliar los hábitos excesivos con su ingreso neto. Y esa falta de relación tiene un costo muy alto a la larga. Contrario a la mente más gradual que puede tener la mujer – será por la experiencia de dar a luz o carga un “ADN cultural”-, el hombre encuentra que la masculinidad está ligada al tamaño de las cosas. Pero, no mide el efecto económico a la larga.

 

Solución

“Si tienes que preguntar cuanto cuesta, quiere decir que no lo puedes afrontar”, dijo JP Morgan. Por más que aparentemos, al final sabemos que no podemos afrontar muchas de las cosas que compramos. Dile a tu media naranja que la mayoría de nosotros tiene que preguntar primero. Trabajemos y acumulemos para que no tengamos que preguntar el precio. Esa debe ser nuestra visión, no hipotecando el futuro por una competencia, muchas veces pueril.  

 

 

“Pensar que la responsabilidad económica es de la mujer”

 

Creencia

Algunos hombres consideran que su función principal es trabajar como lo hace el padrote en un ganado: ayudar a la procreación y se acabó.

 

Realidad

Lo cierto es que la responsabilidad incluye tutoría, ser padre y aportación de recursos económicos. La realidad es que cerca de 2 de cada 5 hijos hispanos en los Estados Unidos nacen en un hogar con un solo padre. Según estadísticas del gobierno federal, una familia de clase media con un niño que nació en el 2013 puede esperar gastar cerca de $245,000 dólares en comida, techo y otras necesidades para criar al hijo durante los próximos 17 años. Y esto no incluye costos de la educación universitaria. ¿Acaso una persona sola puede correr con esta factura? Claro que no. Es muy difícil salir adelante. 

 

Solución

Explicar que la diferencia entre un padrote y un hombre es que el segundo no solo actúa, también toma responsabilidades. 

 

Es entendible que no todos los hombres son así. Pero, esta tendencia es una realidad. 

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