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"The Wolf of Wall Street", dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo DiCaprio, es una película basada en la autobiografía de Jordan Belfort un ex corredor de bolsa que monto un negocio de millones de dólares cometiendo fraude.

 

La película se concentra más en Belfort. Un individuo con ínfulas de grandeza, codicioso, drogadicto, adicto al sexo y rodeado de un séquito que rendían culto a su persona.

 

No hay que olvidar que es Hollywood -cuentan la historia como quieren para vender. Pero, ante tantas escenas innecesarias, el tomar unos minutos para explicar el fraude y mostrar el lado de las víctimas no hubiera afectado la película.

 

Esquema del fraude

 

Lo que no puede hacer Hollywood es borrar los hechos: el fraude que cometió Belfort.


Ronald Rubin, que fue parte del equipo de la Comisión del Mercado de Valores (SEC) responsable de la investigación, explicó en el diario Wall Street Journal que durante los noventas, Belfort y otros allegados usaron su casa de corretaje Stratton Oakmont Inc. para hacer el esquema de "inflar y botar" (pump and dumb).

 

¿En qué consistía? Buscaban negocios para sacarlo como oferta pública inicial (IPO) donde supuestamente las acciones las venderían en el mercado. Como por ley sólo podían adquirir un porcentaje bajo de las acciones de la nueva oferta, las vendían a amigos y conocidos que se las revenderían a un precio mayor -ejemplo: vendían a US$4 y las compraban a US$4,25-.


Con corredores de bolsa agresivos -"no cuelgues hasta que el cliente compre o muere" era el lema-, calentaban el oído de clientes diciéndole que van a sacar un IPO que sería un fenómeno.

 

¿Cómo lograban ganar la confianza? Dejaban que ganaran en previos IPO. Como el inversionista veía que ganaba, cuando le ofrecían un nuevo IPO aprobaban la compra.


Como el IPO era controlado por Stratton -no salía al mercado- les era más fácil manipular el precio. Amigos de Belfort vendían y compraban con cuentas dentro de Stratton para llevar el precio, por ejemplo de US$4 a US$12 en minutos. La manipulación no se veía tan obvia porque era común en los noventas que el precio de la comercialización de un IPO con alta demanda subiera en minutos.

 

A ese precio, Stratton liquidaba sus acciones. ¿Quiénes eran los compradores? Como los corredores tenían las órdenes de compra de sus clientes, ejecutaban la orden pasándole las acciones infladas a los clientes. Al no haber compradores – Belfort y sus seguidores no compraban-, el precio caía. Cuando los clientes se quejaban les decían que era el mercado o le ofrecían un nuevo IPO.

 

Así seguía la rueda de nuevos clientes y nuevos IPOs. Con el dinero que ganaban pagaban los excesos que Hollywood muy bien muestra en la película.

 

¿Resultado?

 

En 1998 Stratton se declaró bancarrota. En el 2003, un juez sentenció a Belfort a 4 años de cárcel – serían más pero cooperó con la fiscalía a cambio de una sentencia menor. Solo cumplió 22 meses. La corte le ordenó pagar $110 millones de dólares a los inversionistas. Tiene que enviar 50% de sus ingresos brutos mensuales a un fondo para las víctimas.

 

Hasta ahora, US$10,4 millones se distribuyeron a inversionistas por la venta de las propiedades. Adicionalmente, de los 3.378 clientes que reclamaron al fondo de protección del inversionista, solo 362 recolectaron US$5.3 millones de dólares.

 

¿Belfort? está haciendo dinero como motivador y vive en una zona exclusiva en Hermosa Beach, California.

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